lunes, 22 de abril de 2024

Editorial


con voz propia Nº 133 

Revista literaria 

Abril 2024 


Propietaria – Editora – Directora: Analía Pascaner 

Publicación creada en noviembre de 2006 
Distribución y publicación gratuitas 
ISSN 2314-0275 



El universo es muy generoso para que superes cualquier dolor o pérdida. 
Albert Espinosa 



La llegada 

El hijo de Pilar y Daniel Weinberg fue bautizado en la costanera. Y en el bautismo le enseñaron lo sagrado. 
Recibió una caracola: 
-Para que aprendas a amar el agua. 
Abrieron la jaula de un pájaro preso: 
-Para que aprendas a amar el aire. 
Le dieron una flor de malvón: 
-Para que aprendas a amar la tierra. 
Y también le dieron una botellita cerrada: 
-No la abras nunca, nunca. Para que aprendas a amar el misterio. 

Eduardo Galeano 
Uruguay. 1940-2015 
Del libro Las palabras andantes, 2013 




-Si hago una pregunta y obtengo una respuesta, debería ser la solución. 
-Debería, si supieras qué pregunta tienes que hacer en cada momento. 
Dolores Redondo 




Revista literaria con voz propia 
ISSN 2314-0275 
Propietaria: Analía Pascaner 
San Fernando del Valle de Catamarca 
Catamarca – Argentina 
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor. Analía Pascaner 


Que la maldad de otro no te estorbe, ni su opinión, ni sus palabras. 
Marco Aurelio


Autores publicados


Y aun así, yo me levanto. 
Maya Angelou 

con voz propia Nº 133 
Revista literaria 
Abril 2024 

Autores publicados en esta edición


Autores publicados desde inicios de la revista con voz propia
https://revistaconvozpropia-autorespublicados.blogspot.com.ar/ 
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor. Analía Pascaner 

Revista literaria con voz propia 
Publicación y distribución gratuitas 
ISSN 2314-0275 
Propiedad, dirección y edición: Analía Pascaner


Damián Andreñuk

Otoño

De nuevo otoño 
y sus hojas escarlata. 
Un dragón azul oscuro 
desciende imperceptible desde el aire. 
Es hora de escondernos las heridas 
y hacernos más fuertes. 
Aunque llueva y haga frío 
y los anocheceres entristezcan. 
Han quedado algunas flores. 
Algunas flores lo resisten casi todo 
como también ciertos humanos. 
Ahora es más débil el sol. 
Es más valioso el colibrí 
libando los jazmines. 


Nanas para Sofía 

Con audacia de locura o ebriedad 
                         llegaste al mundo. 
Eras tan frágil 
como un pétalo en el aire. 
Como un bellísimo sonido 
        que se desvanece. 
Como un pequeño colibrí 
libando las hortensias. 

Tus diáfanos deditos se movían. 
Desde otra dimensión 
tus ojos exploraban. 

Con audacia de locura o ebriedad 
                         llegaste al mundo. 
Los pimpollos estallaban ferozmente 
como bombas de rubíes. 
Había un rocío luminoso, una magia indescifrable. 
Cantaban los zorzales como enardecidos 
                                    y ajenos a todo. 
Un dulce aroma de jazmines florecidos 
inauguraba tus Milagros. 

Con audacia de locura o ebriedad 
                         llegaste al mundo. 


Sueño azul 

Ignorar la belleza vacía de flores de plástico 
andar sobre traiciones oscuras puñaladas de veneno 
afrontar las verdades tenebrosas 
nutrirse de verdades benignas 
observar con estoicismo un perro muerto al lado del camino 
escribir con un desquicio lúcido amando desafiando 
rezar con humildad de santo que mendiga 
poner la otra mejilla hasta dos veces 
perdonar lo perdonable setenta veces siete 
dar con la palma verduras a un caballo 
volver de un sueño azul donde abrazamos a los antepasados 
desasirse con valiente libertad de pensamientos que torturan 
repeler con elegancia las garras de las bestias. 
Victorias cotidianas máximas inadvertidas. 


La mujer mágica 

Entre bestias opacas que no aman. 
Entre seres con un odio que les crece como las hogueras. 
Entre monos decadentes que no pueden trascender la genitalidad 
Lara sabe que hay pobreza en toda inconciencia. 
En la supuesta lucidez que sólo es ceguera. 
En continuas carcajadas vacías. 
En quienes deciden arrastrarse como las lombrices. 

Ella prefiere la energía de las flores 
para encender su canto. 
Tiene su luz, su libertad y ciertas lealtades: eso le basta. 
No hace un altar a sus heridas. 
No vive maniatada en la domesticación. 
No compite ni se angustia por trofeos de espuma. 


Damián Andreñuk 
La Plata, Buenos Aires, Argentina

En algún momento de su juventud pudo juntar los pedazos del rompecabezas y entendió cabalmente de qué se trataba. 
Isabel Allende

María Cristina Berçaitz

Distancia 

A mis hijos 

Llora corazón por soles dividido, 
de ternura rebosante. 

Tres golondrinas vuelan de ti 
hacia nortes distantes 
mientras dos de ellas, 
intangibles, 
se acurrucan en mi regazo. 

Seré cadena de eslabones 
encendidos de rocío, 
plena de amor y esperanzas. 

Alma mía, 
cruza en mi anhelo la distancia. 

Rueda, rueda, luna estrellada, 
forma una sutil, nostálgica alianza, 
vela mis cielos lejanos, 
asiste a este corazón dolido. 

El mar invade mi rostro 
frente a vitrales de exilio. 


Tus ojos, tu mirar 

No necesito tus versos 
para saber que me amas, 
ni siquiera tus palabras, o tus besos, 
me basta con tu mirada. 
Esa forma de mirarme 
dulce, tierna, 
despojada de maldades y de sombras, 
que me va inundando el alma. 
Esos ojos que hoy se turban 
o que saltan entre risas 
me acarician en silencio, 
me acarician y me aman. 
Esos ojos que hoy tan tristes 
evitaban el mirarme 
mientras fruncías los labios 
como mordiendo las lágrimas
pensando en la despedida. 
Sé que esos ojos 
que hoy me esquivan, 
cuando vuelvan a mirarme, 
van a llenarme de vida. 


Oración 

Acúname en tu vientre, madre, quiero sentir tu calor. 
Ocúltame en tu pecho, madre, abre mi cielo a tu sol. 
Recuérdame como niño, madre, sonríeme con amor. 
Deja fluir la vida, hijo, así no sientes dolor. 
Abrázame con ternura, madre, aleja de mí el dolor. 
Lava mis manos con tu llanto, madre, vuélveles el resplandor. 
Bésame con dulzura, madre, y repite tu canción. 
Deja fluir la vida, hijo, para curar el temor. 
Consuélame en la noche, madre, y mitigarás mi dolor. 
Confórtame con tu canto, madre, retira el miedo de mi corazón. 
Rescátame de la tierra, madre, es dura mi condición. 
Deja fluir la vida, hijo, para sentir su calor. 
Acaricia mis mejillas, madre, suaviza en mí la aflicción. 
Ayúdame a enfrentar la vida, madre, dame un poco de tu sol. 
Acompáñame, madre, no me dejes caer en las sombras del dolor. 
Deja fluir la vida, hijo, y no olvides este amor. 


Beirut, la eterna 

¡Oh, Beyrouth! que otrora fuiste hermosa 
hoy te muestras destrozada. 
La guerra que sucede a la guerra 
te acorrala, 
los hombres que destruyen más que bombas 
contigo se ensañaron. 
Hoy muestras abiertas tus heridas, 
ventanas que el fuego ennegreciera,
techos caídos, balcones destruidos 
que cual bocas abiertas se devoran 
todo el dolor y el llanto de tus hijos. 
¡Oh, Beyrouth! que fuiste “la perla del oriente” 
cual obstinada parra al suelo aferrada 
insistes en vivir y 
sobre escombros siembras esperanzas 
y tiendes ropa limpia de barro y 
sangre de tus hombres
entre las piedras destruidas de tus casas 
mientras tus hijas acarician al obrero en la mañana, 
mecen al retoño… y siembran esperanzas. 
¡Oh, Beyruoth! 
Otra vez la vida surgirá de tus entrañas. 


María Cristina Berçaitz 
Valencia, España. Poeta nacida en Buenos Aires, Argentina

Hay momentos en los que es necesario salir de la piel que uno habita. Comportarse con una generosidad que habitualmente no cabe en el traje que creemos que debemos llevar. 
Jesús Carrasco

Dora Giannoni

Presencia 

Hoy tuve tus manos 
en las mías 
acariciando dibujos 
de viejos cuadernos 
Hoy te vi mirarme 
en la glicina 
de un techo florecido 
Hoy te sentí cerca 
y en instantes 
la eternidad fue mía 
En lo cotidiano 
percibí la magia 
de tu presencia 
Hoy estuve contigo 
en cosas tan simples 
de todos los días 
Es que no sé olvidarte 
y estuviste conmigo. 


Alegría 

No gozo instantáneo
placer inmediato 
ni frenesí ni algarabía… 
Música del alma 
Serena armonía 
Paz compartida 
con el universo entero 
Rosa entre espinas
Feliz permanencia 
Gozo duradero 
que contagia e ilumina 
Una actitud de vida 
y toma de conciencia: 
La alegría. 


María de Guadalupe 

Madrecita morena 
embarazada 
del pueblo americano 
que nace de vos 
con tu atuendo náhuatl 
inculturada 
en el mundo nuevo 
tan duramente conquistado 
Te presentas al indio Juan Diego 
para demostrarnos 
tu clara opción por el pobre 
al que le regalas rosas de milagro 
en medio del desierto 
y le dices: No temas 
Aquí está tu Madre 
con tu tilma transformada 
en jardín de amor 
para tu tierra americana 
Desde Guadalupe 
hacia el sur y siempre: 
María de la Esperanza. 


Pacha Mama 

Pacha, hija del único Padre
creador de todo lo visible e invisible 
Pacha, Madre de todas las cosas 
Tiempo fuera del Tiempo 
Armonía cósmica universal 
de donde todos procedemos 
incluso Jesús, verdadero hombre 
encarnado en Palestina 
que vino a traernos el Reino de Dios 
que te abarca, te excede e incluye. 
Mi amor por vos
no me impide amar a Dios Padre Madre 
al Hijo Jesús y a su Espíritu Santo 
La tierra, el agua, el aire, el fuego, 
los reinos vegetal, animal, mineral 
los astros, los mares, todo cuanto existe 
pertenecen a una única y perfecta 
Armonía, única, cósmica, eterna. 


Dora Giannoni 
Buenos Aires, Argentina

Todos necesitamos alguna vez un cómplice, alguien que nos ayude a usar el corazón. 
Mario Benedetti

Manuel Serrano

Males curados 

Tenía fama de ser casi mágico. Era una especie de dios. Nadie que acudiera a su casa salía con la dolencia con la que había llegado. Todos se iban felices, hasta que descubrían que se habían llevado otra diferente.


Sueño mono 

Mi madre se empeñó en hacerme un pijama entero con forma de mono. Está muy mono, decía ella. El problema es que me paso la noche de rama en rama y por la mañana estoy muy cansado. 


Argentina 

Se llamaba Argentina y cuando le dijeron que tenían que quitarle las cataratas no volvió al oftalmólogo. 


El curandero 

En la puerta del curandero había un cartel que rezaba: Nada se crea ni se destruye, solo se transforma. No se admiten reclamaciones. 


Paola quiere ser mayor

Paola quiere ser mayor. Le pide a su papá que le pinte las uñas. 
-¡Como mamá! 
Le pide a su mamá que le pinte los labios. 
-¡Como mamá! 
Busca los zapatos de tacón de su mamá y se los pone. 
-¡Como mamá! 
Y sale muy contenta. 
-Mira mamá, soy como tú. 
-Estás muy guapa. Ahí tienes mi maletín y ya puedes ir a trabajar. 
Paola se quita los zapatos y se lava la cara. 
Paola no quiere ser mayor, aún. 


Manuel Serrano 
Valencia, España

Pensar algo no era peligroso, que pensar no era actuar, que los pensamientos sólo son pensamientos. 
John Green

María José Calatayud Ponce de León

Olor de otoño 

Es tan solo el otoño que amanece 
con pasos de penumbra sin malicia 
y ya lo sabe el árbol. 

Los días se acortan de sus luces, 
mientras la noche enfría oscuridades 
y las estrellas lagrimean escarcha 
sobre la tierra desnuda bajo el cielo. 

Se respira un aire dulce de color a leña, 
presagio de cocinas encendidas, 
de roperos abiertos buscando abrigos 
y a paraguas dejados en la entrada 
de las casas que ya cerraron puertas. 

El parque dormirá bajo la nieve 
un sueño de blancura sin pisadas. 
Y al calor de un rayo despistado 
de un sol que a duras penas se descubre 
los viejos calentarán sus años, 
sentados en el banco de la memoria. 

Trae el otoño un golpe de amarillos 
y un baile de campanas disonantes 
que desnuda las hojas de los álamos 
en el paseo que perfila el río. 

Solamente se despereza un pequeño latido 
tímidamente otoñal y ya lo sabe el aire, 
que abanica la calidez de los atardeceres 
en esa luz que se acorta lentamente. 

Y el amor se abrigará entre las sábanas, 
olorosas de besos y membrillos. 


El círculo 

Esa calle de curso sin sentido 
y en su negrura ajena, 
hoy respira el olor de tantas noches 
a los sudores que desprende el frío. 
Mientras se mece vacilante una farola 
en el círculo del redondo 
diámetro de su luz. 

Un eco se repite 
monótono y opaco, 
como una voz cansada de golpear 
en la misma pared una y otra vez. 
Conozco esos acentos que me llegan 
y hoy rebotan inertes hasta el fondo 
donde enterré ya todos los sonidos 
que no pudieron llegar a ser. 

Y en el centro de todo lo que oculto,
amordazo recuerdos que me hieren 
y ya no queda nada. 
Ni siquiera el vacío 
que apareció después de tanto llanto. 

Y regreso a la noche, 
menos sombría que mi propia oscuridad 
y busco no perderme 
para poder volver al círculo de luz 
de una farola. 


Tempestad 

Soy como la tormenta 
que corona el tiempo 
sobre una nube llena de invisibles espacios,
con un centro en el fondo muy oscuro 
y ciego de relámpagos.

O soy, tal vez, en la noche una lágrima 
enmarcada de gris por los luceros, 
junto a una sombra que refleja el eco 
de una pasión perdida. 
Y ya no sé por qué despierto hoy 
con este llanto guardado en mis entrañas.

Las tormentas son aves pasajeras 
que nunca hicieron nido 
y siguieron su busca en las alturas 
de esa teja partida 
donde dejar el agua
de su vagar errante. 

Por eso es que la lluvia 
me grita lo que olvido. 
Me dice que recuerde tantos nidos sin plumas, 
tantas casas sin techos, 
tantas mesas sin tener ni un mantel 
para enjugar la queja 
de los platos vacíos. 
Mis brazos se extienden 
y quisieran ser como gotas 
del agua que fecunda los desiertos
y cruzando los dedos 
bajo esta tormenta redentora, 
suplicar un perdón. 


Poemas del libro de la autora: Yo soy de tierra, presentado el pasado 16 de abril en el Centro Cultural Español de Costa Rica. Editorial Letra Maya 2023 

María José Calatayud Ponce de León 
Costa Rica

El otoño es del corazón y en él se queda para siempre. 
Alfonso Sola González

Irene Bompas

128 

Tomarnos el cuerpo y habitarlo 
Instantes que son siglos 
Sin palabras 
Solo el dulce aliento de la vida 
Bolitas de mercurio que se juntan 
a fuego sin más destino 
que los cuerpos deshabitados. 

6/6/21 


247 

El silencio del atardecer en las manos 
El silencio que no llora, tampoco implora 
El silencio tuyo que me desviste 
El silencio del tesoro escondido 
El silencio que me llama y no llegó 
El silencio de Qhispikay que atraviesa muros 
Y el arroyo que nos adormece 
con sus misteriosas plegarias. 

21/7/22, Qhispikay. El Durazno, Córdoba 


248 

Oleadas de escrituras malolientes 
A orillas de la nieve 
No apagarán las lágrimas cantadas 
Por el pajarito aquel 
Un mirlo atesorando a sus pichones 
Que derrama hilos de porvenir. 

Saavedra, 13/7/23 


249 

La espalda
ésa 
la que se mira 
y no se nombra 
la que arranca lengüetazos de sol 
en la noche 
La que se fuga en los sueños 
la que nunca duerme 
y alerta a tus caricias, 
escucha la tempestad. 

1/4/23 


203 

La espalda 
ésa 
la que no aparece 
la que se me esfuma 
la que se escurre por la alcantarilla 
la que me deja 
cada vez que llueve 

Plaza 20/02/22 


245 

Sosiego en el abrazo 
y silencio cómplice de enero 
la luna llena acompaña los pasos 
y la epifanía es noche. 

Porque, aunque 
no creyera en el encuentro 
y me invadiera la melancolía 
y la paz muerta de la desesperanza 
se atravesara en mi camino 
me quedarían tus verdes pestañas. 

Enero 7, 2023


Irene Bompas 
Buenos Aires, Argentina

Quiere que la calma y la soledad absorban la tristeza. 
Susan Crawford

Andrea Fregoli


Cometí un pecado. 
Bueno, lo admito, cometí muchos 
y ahora se abren 
paso a empujones para
situarse frente a mí 
y escupirme. 
Pecados estúpidos, inútiles, innecesarios. 
A veces creo que sólo mi 
inmolación 
podría apaciguarlos, a veces no. 
Quiero dormir 
pero insisten y 
entonces 
aprieto en mi puño heladas cenizas. 
Que estas palabras labren el perdón. 


     *    *    * 

Dejo 
mis tibios besos oscuros 
en el curso de agua 
que lento y transparente
se los lleva 
como si fueran perversos irupés 
enmascarados de belleza 
e inocencia, flores dispuestas 
a estallar y disentir. 
Los pájaros miran 
y callan. 
Me hundo en el bosque. 


     *    *    * 

Aunque tengo miedo, 
me aplico a las cerraduras 
en un ámbito 
escasamente iluminado 
y en las sombras a mi espalda 
se embosca el fantasma, 
ese 
fantasma que es mi deseo, 
nunca desplegado en plenitud. 
Y me estremece 
con su garra helada, 
las uñas hundidas en el cuenco 
de mi descontento. 


     *    *    * 

Todavía no cayeron todos los que vinieron 
a darme el pésame tentados de risa. 
Soy paciente.


     *    *    * 

Echan raíces en el estómago 
los azules árboles del odio que te tengo. 
Azules 
como helados amuletos 
de aguamarina y diamante, 
que de mi camino te espantan 
(¿En un juego teatral?). 
Yo por un camino, vos por otro 
distinto, tal vez paralelo. 
Sumiéndonos 
en un feliz desencuentro. 


     *    *    * 

Fue al cruzar el boulevard 
que me sobresaltó la sombra 
cual ave rapaz 
lista para el arrebato. 
Pero, era otra cosa, 
con posibilidades 
de ser menos o más peligrosa, 
¿neutralizada por lo cotidiano? 


Andrea Fregoli 
Rosario, Santa Fe, Argentina

Lo más difícil ya había pasado, aunque quedase la nostalgia. 
Paulo Coelho

Alba Aída Oliva

Mariposa 

Soy una mariposa, efluvios y colores son mi tersura 
Voy flotando libre entre capullos y libaciones 
Añoro los perfumes exóticos y los suaves pétalos fragantes 
Silencio en mi devenir danzante sobre cielo y prado 
Ejecuto mi danza y mi concierto rodeada de infinita belleza 
Las flores y los pájaros son mis amados amigos 
No tengo casa ni nido, ni tampoco sé de mi efímera existencia 
Una soñadora que al fin no envejecerá nunca,
Mi canto es sólo audible a mis amados y mi noche 
Estrellada no espero, vibra mi alma siempre en nuevos devaneos. 


Bulerías del que sueña 

Bulerías, bulerías, 
bulerías del que sueña 
la penita y la alegría 
cantan la misma copla 
y en sus cantares se mezclan 
Cuando llegaste a mi vida 
me llenaste de certeza 
ahora te me estás yendo 
y me dejas la tristeza 
Bulerías, bulerías 
bulerías del que sueña 
El triunfo es una carta 
que pocas veces se juega 
Algunos las tienen todas 
pero nunca más las sueltan. 


Cruz 

Yace en su cruz el señor, 
su cuerpo tan torturado 
como tanto nos ha amado. 
Son sus lágrimas dolor, 
calvario estremecedor. 
Mi camino tan turbado 
a tus pies me he postrado 
Y el verte tan abatido, 
mi espíritu conmovido. 

Mi pecado has perdonado. 


Declaro el amor 

En este instante y por toda la eternidad declaro: 
que asistiré siempre al amor en toda hora, 
seré sometida a su causa de por vida, 
inmolada en su ley, si se decreta, 
que buscaré por toda nuestra tierra, 
manantiales, praderas, rocas, estepas, 
hasta encontrarlo si aún no lo tuviera. 
No hay nada bajo el cielo más sagrado, 
que hombres y mujeres se profesan, 
el que levanta la fe de los caídos 
y llega hasta la niebla más espesa, 
El único capaz de mitigar el dolor 
y transformar el odio. 
Por eso te declaro el amor, 
hermano mío, fervientemente espero 
que lo tengas, que te llegue como a mí.
Lentamente, sangrante, retaceado, con malezas. 
Un amor, mil amores, que rebose el corazón 
y no te afanes si ese caudal pesa. 
Es necesario cargarlo muchas veces, 
parece que te quiebras cuando tiembla, 
Mas te aseguro que nada te conforta 
tanto como sentirlo, 
Por ello hago un manifiesto: 
amando viviré, aun si representa un desatino, 
el porvenir empeñaré y mi destino acaso. 


Últimos dos poemas tomados de

Alba Aída Oliva 
Mataderos, Buenos Aires, Argentina 

Lo que determina que seas feliz o no es tu manera de enfrentarte a la adversidad.
Kristina Harmel

Eduardo Coiro

Una intemperie regada de estrellas 

Otra vez pensé en Raquel. Caminábamos de la mano por la calle peatonal de su ciudad, hoy lejana para mí. Era invierno y de madrugada, íbamos como suspendidos en el aire. La noche estaba estrellada y limpia, por momentos parecía que el cielo se derrumbaba y las estrellas estaban ahí nomás, como al alcance de una mano extendida. 
Estábamos solos en la calle o al menos sentíamos que éramos los únicos seres presentes en ese momento tan único y tan frágil a la vez. Una pareja que buscaba una casa, una cama para resguardarse de un frío polar. 
Y ahí aparecieron las preguntas sin respuesta sencilla. ¿Qué hacía allí lejos de mi pueblo con ella? ¿Qué era aquello tan fuerte que nos unía? ¿Era el amor o la devastación de la vida antigua la que nos dejaba unidos en esa intemperie regada de estrellas? 
Pensé en la intemperie como algo primitivo: una pareja se refugia de temores y amenazas bien reales. Buscar una caverna, encender el fuego, abrazarse, cubrirse con unas pieles. El mundo era ese ínfimo presente, la idea de la presencia del pasado en sus vidas no tenía sentido. El futuro por definición no existía. Solo ese presente. 
Después llegaron trabajosamente los descubrimientos. Los seres que viven su realidad en un escenario interno que llevan consigo, en una neurosis que los protege y limita a la vez, su propia caverna y el rugido de sus ancestros dinosaurios por si no alcanzara con los miedos reales de la jungla social. 
En eso estaba, bien perdido en pensamientos sin solución, cuando llegamos a la casa. Y antes o después del cariño físico, Raquel me trajo las pantuflas de su ex marido para que no se enfriaran mis pies en el camino al baño. 


Texto tomado de Inventiva Social, revista literaria digital dirigida por el autor 

Eduardo Coiro
Temperley, Buenos Aires, Argentin

Tenía miedo a algo. Pero sabía bien a qué: a perder algo más, a perder a alguien más para siempre. Ya había demasiadas pérdidas en mi vida. 
Mary Ann Clark Bremer

Elena Garritani

                    Buen amor tumultuoso/ por épocas suicida/
                                                     desordenado y tibio 
                                                    José Antonio Cedrón 



Ninguna teoría del amor alcanza 
para explicar la soledad que perdemos o 
ganamos cuando termina una historia escrita en 
ovillos de la piel, 
papel de luna, sedimento del café. El viento 
disgrega sueños profundos, cristales rotos de un 
ensamble perfecto. 


II 

El lago de los bosques de Palermo nos paseaba 
enlazados. 
El agua tatuaba nuestras sombras radiantes de 
aquel día. 
Tú amabas las lluvias del verano. Yo, los leños encendidos del invierno. 
Dicho sin alfabeto, en significantes, en recorridos nocturnos 
música de blues o ritmos anudados cuerpo a cuerpo. 
No hubo anillo que contenga la pasión, 
el peso absurdo de las palabras, los inútiles gestos, los agravios. 
Mis manos tecleaban puntos suspensivos, salpicaban el aire. 


III 

El monólogo ensimismado dictó un adiós tácito. 
Te buscaba o me dilapidaba en un punto inalcanzable, 
canción de amor que el aire lleva y el aire pierde. 
La respiración del deseo no alcanza, la carne se fatiga, 
la confusión es bienvenida. 
La lluvia, una cortina espesa sobre 
pequeños pasos que se alejan. 


IV 

Se trata de quitar la investidura que le dieron mis ojos 
al sonido de su voz, a la belleza de sus manos. 
Esta distancia con que escribo es consecuencia 
de la fenomenología, cerco el dolor desmenuzando 
espina por espina pétalo por pétalo. 
El amor no existe, aunque hay leyendas que lo inventan. 
Películas, novelas, voces que lo narran. 
Insensatos poetas que lo invocan. 
Para escribir luego versos innecesarios, cartas sin destino, 
antiguas epopeyas. Fragmentos del lenguaje que no articula 
lo que expresa. 
(Aún tengo la fe encendida, dibujo tu corazón flechado por 
Cupido, nubes mensajeras que conjuran tu regreso) 
El buen gusto me dicta tachar este final por cursi, por blando, 
por obvio. 


Elena Garritani 
Buenos Aires, Argentina

Fuera lo que fuese lo que le deparaba el futuro, tenía que mantenerse en pie y aguantar todos los envites.
Ana Andreu Baquero

Alfredo Lemon

Espíritu de época 

Dicen que Gregory Nunzio Corso (26 de marzo de 1930) 
perdió el primer poema que escribió a los 13 años 
y sin llorar ni maldecir, se alzó contra el sueño americano 
en reacción por la 2da guerra mundial
y se unió a los beatniks haciendo del funeral una fiesta 

Ahora, 100 años después 
¿Qué ocultará el futuro bajo su luz ominosa? 

¿Barcazas que boquean en un callejón sin salida? 
¿Más promesas fraudulentas? 
¿Otras epidemias? 
¿Catástrofes ecológicas? 
¿Asesinatos y deliquios del espanto? 
¿Hierros y hierbas hartos de hidrocarburos? 
¿Ciudades del sol como imaginó Campanella? 

La voluntad del vivir es la voluntad de olvidar 
¿Quién no anhela una existencia benévola 
para expandir su ser? 

Los búhos y las lechuzas ululan el ahora de un mañana mustio 
El presente cambia como un carrusel sin fecha 
Las consecuencias de las acciones serán ineludibles 
El porvenir es pura inercia potencial 
Conjetura 

Las ideas reptan como langostas por los angostos espacios del cerebro 
El águila es más firme que la tormenta arrebatándola 

Son episodios del sueño, 
trampolines fantásticos por donde resbala el amor 

¿Qué importan los altos imperios? 
Sus convenios crueles 
¿Cómo poner la otra mejilla a los sátrapas? 
¿Entregarles otro voto de confianza? 

Contradicciones/ contra los decires 
La mano del escriba es como el pico del ibis 

No es fácil morir con una bufanda, un maletín de cuero viejo 
restos de tabaco y textos inéditos junto al fuego de una salamandra 

El poeta puede vivir pocos años/ suicidarse/ caer joven 
o envejecer confundido/ solo y hueco 

La belleza esculpe los rostros con navajas y espinas 
También los humanos tenemos obsolescencia programada 

Cada fruto es secreto y es sagrado 
La vida es sublime en su agudo terror 

Bebamos el vino del banquete breve 
Aceptemos el cáliz 

Los dioses vigilan las columnas 
el volcán de los verdugos y la cruz del asesino 

¿Habrá otra nueva realidad donde la maravilla no esté prohibida? 

Hay más mariposas volando en el aire -Chuang Tzu- 
que las que puede soñar la literatura 

El tiempo no avanza en línea recta/ avanza en círculos 

Quedan puntos suspensivos girando tiritando al borde del planeta 
Cables de fibra óptica, imanes, candados, tirabuzones 

El cielo y la tierra tienen destinos distintos 
Asuntos sin esclarecer 
Lo próximo remoto 


Alfredo Lemon 
Córdoba, Argentina

Profundamente egoísta es no dar a los demás la oportunidad de decidir. Cada cual debe hacer su camino.
Dolores Redondo

Salomé Moltó

Una hoja en el rocío

Una hoja vuela al viento 
avanza y retrocede 
da vueltas sin parar 
y rígida por el frío 
sopla con angustia 
su eterno desesperar 
Vendrán a recogerla 
quizás la acaricien
tal y como hizo la niña 
con el pájaro caído 
Pero quizás, también la pisen 
así sin más 
y la escoba del barrendero
termine con la esperanza 
que aun en una simple hoja 
siempre la ternura, 
nos suele aguardar. 

*Nota de la autora: Poema para intentar superar los difíciles momentos que estamos viviendo con estas guerras, tanto en Ucrania como en Israel. 


Con decepción 

Son tus ojos los que me ven, 
me censuran, me castigan, me condenan.
¿Tan poca comprensión se me otorga? 
Se me da mejor mirar al sol 
tenerte en el recuerdo 
para dejar de atormentarme. 
Una llaga en mis entrañas, 
una luz imaginada 
sigo esperando tu llegada 
con ansia y con esperanza. 


Recitar poemas con mi abuela 

Una gota nubecilla 
gritó sedienta una flor. 
-No puedo que voy de prisa 
dijo la nube y pasó. 

Por el calor abrasada 
murió la flor infeliz. 

Al mendigo que te ruega 
no le contestes así. 


Salomé Moltó 
Alcoy, Alicante, España

La infancia es la patria de todo hombre. 
Rainer Maria Rilke

Norma Dus

Reflejos 

Los habitantes de Greytown eran severos, victorianos. Cerrados a los preceptos liberales. 
El cura, un hombre esquivo, hablaba poco y castigaba mucho con sus sermones. El policía tenía poco trabajo y era muy amigo del alcohol y del Backgammon. Junto al Comisionado, mantenían un tranquilo pasar, conocían a todos y de todos sabían vida y obra. 
Daphne era una muchacha devota, servicial, que trabajaba como portera de la escuela. Había tenido un hijo, del cual no se conocía al padre. En su casa, donde alquilaba pequeñas habitaciones a los infrecuentes viajeros, se hospedaban algunos hombres que de vez en cuando visitaban los pocos negocios que había en el poblado, trayéndoles diversas mercaderías. Ella siempre se preocupaba en hacer saber que “su honor nunca sería mancillado por un esporádico forastero, jamás”. 
El niño de Daphne había nacido con cabellos rojizos y ojos clarísimos. Todos supusieron un desliz de la desdichada mujer. 
Y Daphne volvió a estar embarazada. Corrieron los meses y los corrillos vecinales ya no fueron disimulados. Las miradas de rabillo la incomodaban. Estaba asustada, temía por la reprimenda popular. Otra vez el recién nacido era pelirrojo. Su piel, tan blanca que parecía de marfil. 
Fue para todos una sorpresa. En el pueblo no había pelirrojos. 
En esos días, una bacteria había llevado a varias personas a estar internadas en el hospital. Entre ellas y por contagio producido en la celebración dominical religiosa, fueron internados el comisario, el cura y el Comisionado. 
El tiempo pasaba y las complicaciones pulmonares hacían que los tres hombres permanecieran en cuarentena. Cada uno iba sobrellevando el deterioro físico como podía, soportando calladamente el estado febril. Pero a uno de ellos la angustia le carcomía las horas. En medio de balbuceos y quejidos, pidió un espejo. 
La enfermera de turno no comprendió. Le hizo repetir la frase, pensando que deliraba. Volvió a escuchar y a entender lo mismo: “Quiero un espejo”. La mujer, con asombro y determinación, primero midió la fiebre al paciente, y viendo que la misma era mínima, que no había delirio, procedió a traer el espejo. 
El hombre lo tomó rápidamente y miró su cabeza. Se sentía desesperado porque el paso de los días había hecho crecer su pelo renegrido y comenzaban a verse los reflejos de pelirrojo en sus raíces. 
Al poco tiempo, la incorruptible iglesia se quedaría sin cura. El mismo había sido expulsado con violencia por los feligreses, salvándose de un linchamiento gracias a su amigo funebrero, que lo sacó escondido en el furgón de entierros. 
Daphne y los dos niños, esperaban ocultos en la cabina del conductor. 


Del libro inédito de la autora: El camino de libra. Editorial Yzur, 2022 

Norma Dus 
Poeta de Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Reside en San Carlos de Bariloche, Río Negro, Argentina 

Cada palabra tiene consecuencias. Cada silencio también. 
Jean-Paul Sartre